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El diario de Pepe Machado

30 Agosto 2010  

  
Curro Savoy “El Rey del Silbido” busca afanosamente su guitarra
 
Hace unos días me he reencontrado con Curro Savoy después de muchos años.
Fue un encuentro casual en Mallorca, me dijo que le gustaría que presentara su concierto en Portocolom (Felanitx). Después de haberle presentado en numerosas ocasiones en teatros y en la radio, sentí cierta curiosidad por escucharle en directo tras su vertiginosa carrera de más de cincuenta años. No olvidemos que debutó a los 12 años en aquellos programas “cara al público” de la radio para cantantes aficionados. Desde entonces, la vida de Curro o Kurt, como se hacía llamar en aquellos primeros pasos, ha sido una pura aventura propiciada por él mismo y sus circunstancias, tanto en España como en Francia donde se afincó posteriormente.
Tan solo le puse una condición, que no haría mención del “silbador de las músicas de Ennio Morricone” (El bueno, el feo y el malo, La muerte tenía un precio…). Es más, le reproché que alimentase esa falsa leyenda. Me aseguró que él nunca había afirmado ser el silbador de esas bandas sonoras sino de sus propias versiones.
Por otra parte, Curro tiene suficientes recursos artísticos para convencer al público, pues además de silbar, canta, toca la guitarra y entre canción y canción hace gala de un humor tan personal como surrealista.
Pero claro, la leyenda que le precede, no la desmiente porque le abre muchas puertas, muchos escenarios.
 
Con el mar en la espalda
 
Lo cierto es que mucha gente presenció con satisfacción la actuación de Curro en Portocolom con motivo de sus fiestas. El marco era muy agradable pero no se puede situar un escenario en un muelle con el mar en la espalda y en los costados del artista. Un cordial pero merecido tirón de orejas a los organizadores municipales del concierto, por su falta de respeto a un artista al que ni siquiera posibilitaron un miserable camerino para él y sus músicos. Por cierto, Curro contó con el excelente acompañamiento de un guitarrista y un bajista. Tras el concierto, firmó ejemplares de su libro-cd “Silbidos de gloria” escrito recientemente por el periodista mallorquín Miguel Adrover.
Curro pasó como un rayo por Mallorca pues dos días después tenía otro concierto en Francia. Aún así me dio tiempo a disfrutar un rato muy agradable en su compañía y en la de su hermana y unos amigos argentinos procedentes de la Patagonia.
 
En busca de la guitarra perdida
 
Ahora Curro está empeñado en recuperar la guitarra que le desapareció en una pensión barcelonesa en 1961.
Fue su primera guitarra eléctrica, una de las primeras que se vieron en los escenarios españoles, una Super Custom de los años 50 que le quitó el sueño hasta que María la madre de Curro adquirió con gran sacrificio por 12.000 pesetas abonadas a plazos en Biok, legendaria tienda madrileña de instrumentos musicales que regentaba Máximo Baratas.
Curro está dispuesto a ofrecer una importante recompensa dineraria a quien le pueda conseguir el instrumento o facilitar pistas para localizarlo. La guitarra tiene una señal grabada que solo Curro puede identificar.
En las fotos de la época se puede ver a Curro con esta guitarra que lógicamente tiene un importante valor sentimental para él (www.currosavoy.com).
Sencillo, noble y buena persona, Curro Savoy, con más de cuarenta discos grabados, con muchos miles de kilómetros de carretera, trenes y aviones sobre sus espaldas, no descansa, parece que está empeñado en “morir con las botas puestas”.
Pocas veces me he atrevido a dar un consejo pero en esta ocasión me salió del alma:   “Curro baja el ritmo de trabajo, cuídate y disfruta más de la vida”.    
 
Por Pepe Machado
(Publicado en Blogger.com)
  

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Adiós a Olga Guillot, La Reina del bolero 

  
He conocido a muchos artistas, a los mejores cantantes españoles y latinos en general, pero muy pocos me han producido tan honda impresión como Olga Guillot.
Hace unos cuarenta años, en su mejor momento, presencié una  actuación suya en la desaparecida Sala Pavillón de El Retiro madrileño, hoy centro cultural Casa de Vacas, y aunque había presenciado muchas de sus actuaciones por televisión, en directo me impactó poderosamente. Su voz, tan hermosa y personal, su dramática y sensual forma de expresar los boleros, su sola presencia en el escenario me cautivaron.
Nadie como ella supo interpretar el bolero, por eso, el apelativo de Reina del bolero la acompañó siempre y con el quedará en la historia de la música. 
Más tarde la entrevisté en RNE, fue una larga entrevista de más de hora. A pesar de nuestra diferencia de edad, conectamos rápidamente. Se encontraba a gusto y se sinceró conmigo respondiéndome a toda clase de temas. Poseía una gran cultura, estaba al tanto de todos los temas, grandes y pequeños, e hizo gala de una gran humanidad, de respeto y comprensión.
Nada más conocer la noticia de su fallecimiento, he vuelto a escuchar aquella entrevista, que conservo con gran afecto, para rememorar mi entrañable encuentro con aquella encantadora mujer.
Si no está ya formando parte del Coro Celestial, de lo que si estoy seguro es que estará en el seno del Dios supremo, en el que ella creía profundamente.   
Descanse en paz, Olga Guillot.
  
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Primer Aniversario del fallecimiento de Leocadio Machado
 
Cuando falleció Leocadio Machado, hace ahora un año, la noticia me llegó tan lamentablemente tarde que ya no fue momento para publicar mi recuerdo, mi homenaje a este gran hombre de la Radio española.
No fuimos familia, que más hubiera querido yo. Nuestro común apellido es pura coincidencia, pero no así nuestra pasión por la Radio, la vida al aire libre, el mar, los amigos...
En Radio Nacional, me creyeron su sobrino porque me abrió las puertas de la Casa, y sin apenas conocerme, solo por el eco de mis anteriores trabajos en la Radio, me dio la gran oportunidad de participar en grandes programas y de dirigir y presentar otros.   
Leocadio, el “maestro” como le llamábamos en Prado del Rey, descubrió y apoyó a buenos profesionales del medio. Se hacía respetar, no por su cargo, sino por su personalidad desbordante. Allí donde se encontraba era centro de atención. Poseía un humor muy personal y contaba interesantes anécdotas con un peculiar acento canario que nunca perdió.  
Su paisano Fernando Delgado escribió en el Obituario del El País: “Tenía tan buen ojo como generosidad para reconocer a lo lejos la capacidad de los buenos profesionales, para descubrir voces, para detectar talento en los guiones”.
Leocadio, antes de director de programas de RNE, había dirigido Radio Juventud de España, emisora en la que yo me inicié años más tarde por lo que no coincidí con él en aquella emblemática Radio-Escuela por la que pasaron los hombres y mujeres más importantes de la Radio española. Allí manifestó su desbordante creatividad radiofónica y periodística, creando programas que hoy son clásicos en la historia de la Radio española, dignos de estudio en la Facultades de las Ciencias de la Información, como esos otros programas que creó en RNE, entre ellos la inolvidable “María”, recreación de la vida de una mujer desde su nacimiento hasta su muerte pero sin palabras, solo con sonidos. Y aquél “La Radio estaba allí” en el que un reportero narraba “in situ” momentos claves de la historia del mundo como el incendio de Roma o la Batalla de Lepanto.   
Leocadio también volcó en varios libros sus valiosos conocimientos sobre el vino, especialmente los de Madrid y Canarias. Tocaba piano y amaba con pasión la música de su tierra.
El “maestro” hacía honor a su apodo porque no solo se distinguió en el radiofonismo y en el periodismo sino también en otras muchas manifestaciones de la cultura. Por eso recibió tantos premios prestigiosos de la profesión, de la literatura y del teatro.
Mi último encuentro con él fue en una de las reuniones de antiguos componentes de Radio Juventud a la que acudió expresamente desde Alicante, donde ya jubilado escribía hermosas crónicas canarias para el periódico Diario de Avisos de Tenerife.
Leocadio, madrileño de adopción desde los veinte años, nunca abandonó su sentimiento lagunero como nunca se separó de su querido Cristo de La Laguna.
Ha pasado un año de su muerte, pero Leocadio, con el que sentí tanta afinidad, sigue vivo en mi pues le sigo recordando con enorme afecto y admiración.
 
(2 de julio 2010) 
 
 

 

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